LO QUE CURA ES EL VINCULO





“LO QUE CURA ES EL VÍNCULO”
Alejandro De Barbieri.

Introducción
Lo que cura es el vínculo. Esta máxima planteada por Yalom es una consigna que no ha perdido su vigencia. El vínculo, la relación... después vendrán las técnicas. Si priorizamos las técnicas dejamos de lado a la persona, si nos encontramos realmente con el hombre necesitado de ayuda, la técnica vendrá en el momento adecuado, no como la protagonista del encuentro.
Los psicólogos utilizamos todos nuestros argumentos para “desmitificar" la  importancia de los tests; pero creemos que dicha “desmitificación” se produce sólo ocasionalmente. En el común de los casos, la persona espera el resultado del test con una ansiedad tal que nos recuerda a aquel que espera a que la vidente le lea su destino en las manos.
En nuestro trabajo debemos evitar que los tests se asemejen a las cartas del destino. El Prof. Frankl nos dice: “La vida no es un test de Rorschach sino un enigma. Y lo que yo llamo deseo de sentido va más allá de la simple aprehensión de una figura”. 
El encuentro libera, el amor libera, el valor muestra un campo de posibilidades imprevistas para la persona. No curó el psicólogo, no curó la técnica. Lo que cura es la relación. El encuentro entre dos personas, una dispuesta a ayudar y la otra dispuesta a ser ayudada.
En este libro citado antes, Yalom relata la siguiente experiencia: en el curso de un proceso terapéutico, el autor realiza un contrato con una paciente en el cual se estipuló que cada uno escribiría sus impresiones después de cada una de las sesiones de terapia y luego se las entregarían a la secretaria en sobres cerrados. Después de varios meses, cada uno leería las notas del otro (posteriormente se editó un libro con estas cartas). Lo curioso e interesante es la discrepancia que existía entre las percepciones del terapeuta y las de la paciente. Habían comentado y valorado aspectos diversos. Muchas veces, la paciente había pasado por alto las interpretaciones de Yalom y se había detenido en pequeños detalles personales, una mirada, un elogio, cuando le pidió su opinión sobre una película, etc.
Con esta anécdota, queremos decir que la relación personal paciente-terapeuta, el encuentro existencial, es crucial para el proceso de cambio y de transformación del paciente. Es a través de este vínculo que el paciente tiene la oportunidad de vivenciar un “vínculo sano”, un modelo de relacionamiento que quizá no ha vivido en toda su vida. 
Afirma Yalom: “La relación es la mercancía curativa, y como ya sabemos, la búsqueda del conocimiento profundo y las excavaciones del pasado son tareas interesantes, aventuras aparentemente provechosas en las que se mantiene distraída la atención del paciente y del terapeuta mientras, por otro lado, está germinando el verdadero agente del cambio, la relación” (1984, 485).
Según Kaiser, el terapeuta cura simplemente por estar con el paciente. Este terapeuta debe tener cuatro características de personalidad: 1) un interés por la gente; 2) un enfoque teórico que ayude al paciente a comunicarse libremente; 3) la ausencia de patrones neuróticos que obstaculicen el encuentro con el paciente y 4) receptividad.






Aunque la relación paciente-terapeuta, sea temporal, el encuentro genuino, la experiencia de la intimidad es permanente. Nunca podrá eliminarse. Quedará guardada para siempre, como diría V. Frankl.
Si se produce un encuentro verdadero, la persona “paciente” se lleva esta experiencia y la podrá extender hacia sus otros vínculos. Construir un vínculo sano le ayudará a reconocer su red de vínculos y poder actuar con sentido.
Este encuentro tiene la característica de la proximidad y la distancia: debemos comunicar y reservar. La relación con el paciente es asimétrica, pues uno no debe decir todo mientras el otro sí. Según Büber el terapeuta tiene una “presencia distanciada”: puede estar en dos sitios al mismo tiempo. “Tiene la capacidad para estar donde él está y dónde está el paciente; en cambio, el paciente sólo puede estar donde él está”.
El terapeuta está interesado en el “tú” del paciente. No solo en el “tú”presente, sino en el “tú” dormido y potencial. El tú que puede ser y que todavía no es. Aquí conectamos con el amor desde la antropología frankliana. Al amar al otro, intuimos su “deber ser”, sus posibilidades. Carlos Sequin en Amor y psicoterapia, define la relación paciente-terapeuta como una forma especial de amor que él llama “eros psicoterapéutico”.
 Al comienzo de los encuentros con el paciente, éste permanece centrado en sí mismo, poco a poco se va abriendo y comienza a considerar la figura del terapeuta como otra persona. A menudo, estas impresiones nos dicen que quizá el camino hacia la curación ha comenzado.
Junto con Espinosa, descubrimos en el encuentro con el otro, como psicoterapeutas, una serie de elementos interesantes:
“a) no buscamos el valor seguridad, sino el valor verdad, des-cubrir, de-velar; b) el psicoterapeuta no se arroga la pretensión de ser el patrón de la verdad; c) el encuentro con el otro en pocas palabras se resumiría en: ayuda, asistencia al hombre que sufre. Es el servicio que un hombre experimentado en las cosas de la vida, presta a otro semejante a otro hombre que no quiere o no puede o no sabe enfrentar la difícil empresa de vivir”.



1. Primer paso para el encuentro: entrar en  crisis
La persona que llega a terapia o a logoterapia, lo hace porque ha entrado en crisis: crisis de sentido, crisis de la mitad de la vida, etc. Este es el primer paso para que sea posible la terapia. Muchas personas pasan meses en sesiones terapéuticas sin haber entrado realmente en “proceso terapéutico”. 
Repasemos una serie de palabras relacionadas con la crisis. 
Crítica: nos lleva a la idea de cierto comentario con juicio sobre algo, podrá ser positivo o no, pero nos permite dar opinión y supone en nosotros cierta distancia para poder criticar. 
Criterio: la capacidad de separarnos de las cosas para enjuiciarlas.
Crisálida: la fase de la que saldrá el insecto adulto.
Todas estas palabras emparentadas en la misma raíz, nos hablan de dualidad, separación, transformación. Ninguna de ellas nos impulsa a dejar las cosas como están. Hay cambio en un sentido u otro. Y a esto apunta la crisis, y esto es lo que nosotros aprovechamos en la terapia, esa situación donde las cosas no pueden quedar como están, es el momento de cambiar. Desde la medicina, recordemos que Hipócrates hablaba de los días críticos, aquellos en los que se resolvía la enfermedad en un sentido u otro. Desde esta perspectiva no se puede entrar en terapia sin entrar en crisis, sin contactar con las propias posibilidades.

2. Capacidad de encuentro
Recordemos dos capítulos de El Principito que ejemplifican la “capacidad de encuentro”. El primero es aquel famoso diálogo entre el Principito y el zorro. El zorro insiste en ser su amigo y en que lo domestique y el Principito le pregunta: ¿Qué es domesticar? El zorro le responde: Crear lazos.
Esto es lo primero en la relación paciente-terapeuta: crear un lazo, una ligazón desde el ser espiritual que “habilite” y haga posible el desarrollo de la persona.
El otro pasaje es aquel en donde el Principito se encuentra con el vendedor de píldoras para calmar la sed. 
“- ¿Por qué vendes eso? Preguntó el Principito.
 - Es una gran economía de tiempo. -Contestó el vendedor.- Los expertos han hecho cálculos. Uno ahorra cincuenta y tres minutos por semana.
 - ¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
 - Se hace lo que uno quiera...
 - Yo, se dijo el principito, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, iría muy dulcemente hacia una fuente.” 

Esta es la noodinámica que propone la Logoterapia, la tensión entre el hombre y el sentido, entre el hombre y la fuente. En este punto de la libertad como proyecto es en donde reside gran parte de las frustraciones de hoy. Contrario a lo que descubrió Freud en su época -la importancia de la represión de un hecho que había ocurrido en el pasado- hoy en día se experimenta la represión del futuro. No se sabe a dónde ir, no distinguimos nuestra fuente. Tenemos esos minutos libres y los experimentamos como el vacío del domingo (neurosis dominical), no hay nada para hacer. Entonces corremos rápidamente hacia el fútbol, el asado, cualquier actividad para “matar el tiempo”. 
Esta es nuestra tarea, ayudar al otro en el acompañamiento hacia esa fuente, hacia ese sentido que está ahí, esperando ser realizado por nosotros. Nadie nos puede reemplazar en esta tarea, y no tendremos una segunda oportunidad sobre la tierra. 
La serenidad proviene de aquel que sabe para qué vive.
Cuando nuestro sentido, nuestro proyecto, aparece con claridad, no tenemos necesidad de correr, porque sabemos hacia donde vamos. Entonces recorremos el camino, tranquilos, observando el paisaje, disfrutando. 
Esto es lo que comprendemos cuando hablamos de la vida como misión. Si buscamos “misión” en el diccionario etimológico, descubrimos lo siguiente: cometido, encargo, tarea encomendada. 
Las personas suelen preguntarnos: “¿No me va a aplicar nada?”. Mi respuesta es no. La creencia de que alguna técnica debe ser administrada es lo que tergiversa muchas veces la relación. Por supuesto que no estamos haciendo un descrédito de la importancia de las técnicas. Consideramos simplemente que deben ser usadas en el contexto adecuado y cuando el vínculo está solidificado. Cuando esto no ocurre, hasta el mismo psicólogo se siente inútil si no “aplica algo” en la siguiente sesión. 

3. Encuentro versus miedo a la libertad
Esta es nuestra tarea como logoterapeutas: contactar al ser con la base de todos los valores, la libertad. ¡Pero cuidado! Cuando logramos realizar esto en el encuentro con el otro, este hombre doliente, puede huir horrorizado como diría Erich Fromm por el  miedo a la libertad. Cuenta un poeta uruguayo, que una noche le regalaron un conejo de Indias. “Llegó a la casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula. Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.”
Esto es lo que puede pasar cuando confrontamos al otro con la libertad. Es por esto que terapia es hacer al otro libre pero también responsable.
Sucede algo similar cuando los adolescentes presionan a los padres y les preguntan: “Pero ¿qué hago?” Y la madre le responde: “Hacé lo que quieras”. El chico se queda angustiado porque no sabe lo que quiere. En el fondo prefiere que le digan si o no aunque luego se lo reprochen. Ese es el problema: ahora que soy libre, ¿Qué hago con mi libertad? Es decir, ¿hacia donde voy? ¿Cuál es mi camino, mi sentido? ¿Cuál es mi fuente?
4. Frankl y el encuentro
“Hasta ahora les he dicho que tienen que improvisar, pero también en la terapia deben individualizar. No solamente tienen que individualizar en lo que respecta al paciente sino también en lo que se refiere a las terapias. No todas las terapias tienen el mismo éxito en cada uno de los casos, ni tampoco tienen el mismo éxito en manos de distintos terapeutas. Un famoso terapeuta de fines del siglo pasado dijo una vez que si se tratan dos casos de la misma forma, por lo menos uno habrá recibido el tratamiento equivocado... Por supuesto no podemos dejar de lado las técnicas, no podemos estar más allá de otras técnicas, porque son necesarias.”

5. Ludwig Binswanger
El primer autor que debemos conocer para acercarnos al concepto del encuentro es Binswanger. Veremos además la ligazón existente entre su planteo y la logoterapia.
Ludwig Binswanger es un autor fundamental para la logoterapia. Frankl “bautiza” su teoría como tal para diferenciarse del Análisis del Dasein de Binswanger. Veremos entonces que son muchos los puntos en común. Al leer a Frankl, se puede notar como utiliza en varios de sus libros la expresión “Análisis Existencial y Logoterapia”. Yo creo que éste énfasis que quiero hacer hoy sobre el encuentro, es de alguna manera también el acento que la Logoterapia no puede olvidar nunca de poner en el Análisis Existencial. 
Me preocupa que nuestra única carta de presentación frente al mundo científico sea exclusivamente el área de las técnicas. Sabemos que no es así, pero no debemos descuidar la antropología con la cual nos manejamos y que subyace a toda investigación empírica.
Mi intención es que las citas que he elegido hablen por sí solas. Por lo tanto al pie de las mismas haré reflexiones mías, particulares, pensamientos que estos autores han generado en mi.

5.1 Encuentro entre Binswanger y Freud ( I )
Cuenta Rollo May citando el libro de Binswanger “Sigmund Freud: Reminiscenes of a friendship” que 
“fue invitado por la Asociación de Psicología Médica de Viena a dar una conferencia en el 80º aniversario del nacimiento de Freud. Pronunció un ensayo en el que sostenía que Freud se ocupó del homo natura, es decir, del hombre natural, el hombre ubicado en lo que los alemanes denominan el Umwelt, el ambiente, el mundo natural de los impulsos y de los instintos. Freud se ocupó sólo superficialmente del hombre en el Mitwelt, o sea, el hombre como semejante, en la relación interpersonal; tampoco se ocupó adecuadamente del Eigenwelt, el mundo del sí mismo. Por lo tanto, continúa Binswanger, el arte, la religión, el amor, la creatividad y otras actividades humanas en las que el hombre trasciende el simple medio ambiente del mundo natural, no están tratados adecuadamente en el psicoanálisis de Freud”.

A causa de su edad y debilidad, Freud no asistió a la reunión. Pero al leer el ensayo escrito por su amigo, le escribió una carta diciendo: “Naturalmente, todo eso fracasó en convencerme. Probablemente nuestras diferencias se allanarán sólo después de siglos”. Binswanger aclara: “Como puede verse por la frase de Freud, él considera nuestras diferencias como algo que puede superarse mediante la investigación empírica, no como algo que domina las concepciones trascendentales que subyacen en toda investigación empírica”.
Este encuentro es muy interesante porque en primer lugar nos pone en contacto con la realidad humana y personal de estos dos hombres de ciencia. La calidez de Binswanger y la altura intelectual con que se acerca a su maestro para discrepar con él. Pero sin embargo, nos queda como al propio autor, el sabor de estar hablando de dimensiones diferentes.

5.2 El ser-del-médico y el ser-del-prójimo
“En toda forma de psicoterapia médica hay dos hombres frente a frente, de algún modo “dirigidos el uno hacia el otro”; se colocan dos hombres en cierto modo “uno con el otro y separados uno del otro”. “ Estas dos esferas el “ser del prójimo” y, la nueva, el “ser del médico”, no están en la relación de estar uno tras de otro, al lado del otro o separado del otro, sino en la relación dialéctica de “uno para el otro” (120).

Binswanger tiene la virtud de presentarnos al otro, al paciente, como “el prójimo”. Cuánta falta nos hace ver al otro como prójimo (aquel que estará próximo a mi en el afecto). Cuánta falta nos hace amar a ese ser doliente, y ponernos en esa situación de estar-para-el-otro. Cuántas veces creemos que estamos cubriendo o protegiendo o cuidando a esta persona, cuando el encuentro genuino se juega en la actitud de autotrascendencia: estar para él.

5.3 Acerca de la acción psicoterapéutica
“Una intervención psicoterapéutica sólo puede tener eficacia, y ustedes sólo pueden atreverse a ella, si están con el enfermo en manifiesta, o mejor, tácita relación existencial de comunicación y confianza, en la que el enfermo les dispensa su confianza, cuando ustedes, en su ser y en su acción, se sienten “llevados” por la confianza del enfermo. Esta confianza es el regalo que el enfermo hace al médico como condición indispensable de cada acto psicoterapéutico, y que ustedes la lograrán tanto menos, cuanto más la busquen, pues está, como el regalo de toda comunicación verdadera, más allá de la intención del medio y del fin, de la causa y el efecto” (122)

Esta cita de Binswanger está íntimamente ligada a la antropología de la Logoterapia. En primer lugar, está la relación existencial, la confianza. Y como bien dice el autor, “solo puede tener eficacia” o sea lo primero es la confianza. Confiar, con fe...con fe en el otro. En segundo lugar me sorprende la idea de que la lograremos menos cuanto más la busquemos. Aquí notamos las huellas también de la hiperintención que tanto combatimos los logoterapeutas. Hay algo que está más allá de la intención. No podemos controlarlo todo. Debemos entregarnos a la “sabiduría del inconsciente”.

5.4 Sobre la relación médico-paciente
“No siempre corresponde a la “realidad” cuando se culpa exclusivamente al enfermo por el fracaso de un tratamiento; antes bien, los médicos debemos siempre preguntarnos si la culpa de cuando en cuando no es también nuestra. Naturalmente no se trata aquí de una culpa debida a fallos técnicos, sino de una culpa mucho más grave, debida  a la incapacidad de despertar o encender en el enfermo la “chispa divina”, que sólo se puede despertar o encender en la verdadera comunicación entre existencia y existencia...”(ibidem)

Muchas veces nos preguntamos: ¿cómo apelar al ser espiritual? ¿Cómo hacer para encender la chispa divina? Respuesta: la comunión de las existencias. La creación del co-mundo, ni el mundo del terapeuta, ni el mundo del enfermo. El co-mundo. El diálogo del logos.

“Sólo cuando se produce esa condición (la ley individual de “ser uno con otro” de ese médico con ese paciente) puede la psicoterapia actuar “curativamente” en el sentido profundo de la palabra. A ello se une otra cosa más: el médico debe poder retribuir la confianza del enfermo y ofrecerle, a su vez, el regalo de la confianza humana...; el enfermo tiene que saber que él, el médico, en todo caso y en todo respecto, “desea su bien”, que no quiere repararlo como un objeto por medio de su saber y sus facultades, sino que quiere ayudarle como “persona” con su confiada atención” (idem). 

5.5 Encuentro entre Binswanger y Freud ( II )
“Era una mañana de septiembre del año 1927. Abandonado el Congreso de Neurólogos y Psiquiatras alemanes que se celebraba en Viena, me apresuré a llegar lleno de impaciencia a Semmering, donde se encontraba Freud, para pagar al fin la inolvidable visita que me hizo en una época muy crítica. El diálogo pronto vino a parar, a lo que hacía veinte años nos había reunido y, pese a claras diferencias de opinión, nos había mantenido personalmente unidos: a la obra de su vida, a sus “grandes pensamientos”. Enlazando  un caso clínico concreto del que ambos nos habíamos ocupado mucho, le lancé la pregunta de cómo hay que entender que este enfermo no pudiese dar ya precisamente este paso decisivo, último de la comprensión psicoanalítica que el médico tiene que exigir de él, sino que permanece en su miseria pese a todos los esfuerzos anteriores y progresos técnicos. Como aportación para resolver esta pregunta creí tener que hacer referencia al hecho de que este fracaso de nuestro paciente había que entenderlo sólo a partir de algo que, de un modo general, no podíamos designar de otro modo  que como una “falta de espiritualidad”, es decir, como una incapacidad para elevarse a un plano de “comunicación espiritual” con el médico, a partir de la cual tuviera que abrírsele la mirada... y hacer posible la autosuperación. Apenas daba crédito a mis oídos cuando escuché la respuesta: “Sí, todo es espíritu.”, cuando yo estaba también inclinado a suponer que por espíritu entendíamos en este caso algo así como inteligencia; Freud prosiguió: “La humanidad ha sabido que tiene espíritu; yo tenía que mostrarle que también hay instintos. Pero los hombres siempre están descontentos, no pueden esperar, quieren siempre algo total y acabado; pero empezamos en cualquier sitio y avanzamos sólo lentamente”.
... Animado por la concesión di un paso más, diciendo que yo tenía que reconocer en el hombre algo así como una teoría religiosa básica... Pero había tensado demasiado el arco de la concordancia. “La religión se origina, replicó Freud, de la necesidad de ayuda y de la angustia del niño y de la humanidad joven, aquí no hay nada que agitar”...Sus últimas palabras fueron: “Desgraciadamente, no puedo satisfacer sus necesidades religiosas” (260).

Creo que esta cita, tantas veces mencionada por el propio Frankl, es poco conocida. Sin embargo nos revela a dos hombres científicos y la grandeza de una amistad que se supo conservar pese a las diferencias teóricas. Este pasaje de la vida de Freud y Binswanger revela en forma magnifica el campo de acción de cada científico. Freud por un lado, intentando hacerle ver el resultado de “sus grandes pensamientos”; y Binswanger por otro, con cierta humildad, tensando demasiado la posibilidad de estar de acuerdo. Pero qué entusiasmante es esa voluntad de querer hacerle ver al Prof. Freud otra dimensión diferente a la cual él no pudo llegar.

En otro orden de cosas, y culminando estas citas, dejamos para el final un esbozo de los 5 puntos acerca del Análisis Existencial y la Psicoterapia, que Binswanger plantea en un capítulo del libro Artículos y Conferencias Escogidas, dedicado a la psicoterapia: 


  1. Investigar la historia vital del individuo. 
  2. Indicar al enfermo y hacerle experimentar la sacudida existencial. El psicoterapeuta deberá ser como un guía de montaña conocedor del terreno en que se halla, que trata de llegar al valle acompañado del turista que no se atreve ni a ir hacia delante ni hacia atrás.
  3. Estará con el paciente siempre en el mismo plano, el plano de la comunidad de la existencia. No hará del enfermo un objeto sino que verá en el enfermo una pareja existencial. Encuentro es un estar uno con otro en el presente propio, es decir, en un presente tal que se sazona totalmente a partir del pasado y que también lleva en sí, la posibilidad de futuro.
  4. Se entienden los sueños como un modo especial de ser-en-el-mundo, como un modo especial de existir. 
  5. El Análisis Existencial no puede prescindir en modo alguno de los métodos psicoterapéuticos garantizados; pero que él en cuanto tal sólo puede ser eficaz terapéuticamente en cuanto logra abrir al prójimo enfermo la comprensión de la estructura de la existencia humana y le permite volver a encontrar el camino que, sacándolo de su modo de existencia y mundo neurótico y psicóticamente exagerados, lo lleve a la libertad de poder disponer de sus posibilidades de existencia más propias. El analista existencial en cuanto psicoterapeuta, en la lucha por la libertad del interlocutor existencial, tiene que arriesgar la seguridad de su propia existencia (458).

6. Rollo May
Luego de conocer a Binswanger, abordaremos los aportes que Rollo May plantea respecto al tema, introduciéndonos brevemente en su obra a través de algunos pasajes del libro El dilema existencial del hombre moderno (Se recomienda leer del mismo autor Existencia, libro imprescindible en toda bibliografía existencial).

6.1 Sobre la relación entre la transferencia y el encuentro
“La transferencia puede ser una defensa cómoda y siempre útil para el terapeuta, este puede refugiarse tras ella para protegerse de la ansiedad del encuentro directo”. “La transferencia debe entenderse como la distorsión del encuentro” (1978, 162).

Rollo May es claro y preciso. Una cosa es analizar la transferencia y otra cosa es abrirse al encuentro. Son dos actitudes diferentes y antagónicas puesto que nos llevaran a objetivos diferentes.
Asimismo, plantea cuatro niveles del encuentro:
1. Personas: me alegro de ver al otro
2. Amistad: confiamos en escucharnos y comprendernos
3. Estima o ágape: mitwelt, encuentro en el ser-con, trascendencia de uno mismo 
4. Erótico: sentimientos eróticos, atracción por el otro.

“Un encuentro genuino con la otra persona conmueve siempre la relación con nuestro propio mundo, nuestra confortable seguridad temporaria de un momento antes es puesta en cuestión, estamos abiertos, lo intentamos por un instante ¿nos arriesgamos, nos aventuraremos a enriquecernos mediante esta nueva relación? ¿O nos aseguraremos, parapetándonos detrás de una valla, nos resistiremos a la otra persona y perderemos los matices de sus percepciones, de sus sentimientos, de sus intenciones?” 
Otra vez el tema de las actitudes: ¿Me defiendo del otro? ¿De ese otro que viene a mi ayuda a mi encuentro? O ¿me abro a su dolor, a su mundo, a su búsqueda de sentido?

6.2 Sobre la técnica
“Uno de los mayores peligros en América es la tendencia a creer que la técnica en sí cambia a la gente, que cualquiera puede cambiar con sólo encontrar el método adecuado. A menudo esta fe sirve como sustituto del coraje interno para enfrentar la propia existencia, tanto en sus posibilidades trágicas como en las placenteras. Hacer es a menudo más fácil, y puede aminorar la ansiedad más rápidamente que ser” (1978, 180).

Creemos que este peligro del cual Rollo May intenta advertirnos ya ha hecho mella en nuestra sociedad. La creencia de que la técnica cambia a la gente continúa creciendo a pasos agigantados conjuntamente con el progreso, la globalización y el avance del mundo científico. Sin embargo, pese a estos avances los grandes temas del ser humano, la muerte, la soledad, la libertad, la responsabilidad y la falta de sentido siguen cuestionando y motivando al ser humano.

6.3 Sobre los fines de la terapia
“El énfasis existencial cambia los fines de la terapia. No estamos ya más seducidos por la idea ubicua de la adaptación, que en nuestra sociedad puede ser a menudo sólo un nombre para el conformismo y la pérdida real de la propia existencia. El objetivo es más bien el enfrentamiento total de la propia existencia aunque luego se esté menos adaptado a la sociedad, y aunque implique mayor ansiedad consciente, es decir, ansiedad existencial normal, que antes” (1978, 184).

El encuentro implica confrontación. O como dicen algunos autores, hay veces que el encuentro conlleva varios “encontronazos”. Esto quiere decir que no estamos dispuestos a dejarnos llevar por la “comodidad” o la “pereza” de la persona. Cambiar muchas veces implica crisis de identidad, crisis de sentido. Estas crisis llevan a que la persona se aferre a su “neurosis” con tal de no correr el riesgo de cambiar.

“Nuestra tarea no es la de “curar” a la gente...Nuestra tarea es hacer de amigo, guía e intérprete de la persona, en su viaje a través de los infiernos y purgatorios privados... El terapeuta debe ser un amigo humilde, una figura que inspire confianza” (May, 1992).


BIBLIOGRAFIA:

  • Binswanger, Ludwig. Artículos y conferencias escogidas. Ed. Gredos, Barcelona.
  • Espinosa, Nolberto. La concepción de la conciencia en la logoterapia de V. Frankl. Ed San Pablo, Bs As, 1994.
  • Frankl, Viktor. La psicoterapia y la dignidad de la existencia. Ed. Almagesto, Bs As, 1991.
  • Frankl, Viktor: El hombre doliente. Ed Herder, Barcelona, 1994.
  • Frankl, Viktor: La voluntad de sentido. Ed Herder, Barcelona, 1994.
  • Frankl, Viktor: Psicoanalisis y Existencialismo. FCE, México, 1997.
  • Galeano, Eduardo. El libro de los Abrazos. Ed. del Chanchito, Montevideo, 1989.
  • May, Rollo. Amor y Voluntad. Ed. Gedisa, Barcelona, 1984.
  • May, Rollo. El dilema existencial del hombre moderno. Ed Paidós, Barcelona, 1978.
  • May, Rollo. La necesidad del mito. Ed Paidós, Barcelona, 1992.
  • Yalom, Irvin. El verdugo del amor. Ed Emecé, Bs As, 1998. 
  • Yalom, Irvin. Psicoterapia existencial. Ed Herder, Barcelona, 1984.
  • Yalom, Irvin. El don de la terapia. Ed. Emecé, Bs As, 2002.





















Alejandro De Barbieri  Sabatino

Currículum Vitae

Alejandro De Barbieri  Sabatino nació en Rocha el 20 setiembre de 1971, es psicólogo clínico, egresado de la Universidad Católica del Uruguay en 1994; logoterapeuta, egresado de la Fundación Argentina de Logoterapia Viktor E. Frankl en 1996; director del Centro de Logoterapia y Análisis Existencial (Celae), 2000 al presente. Cursó estudios de Doctorado en Psicología, Universidad de Flores, Buenos Aires (Argentina), 2007. Dicta cursos y conferencias acerca de Logoterapia desde el año 1995 en Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil, México, Perú, Guatemala, Colombia, España e Italia.
Profesor grado 3 de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de la materia Análisis Existencial, . Docente del Diplomado de Orientación Educativa, Docente del Posgrado de Drogodependencias, Universidad Católica. Columnista en diversos medios de comunicación, como  Tiempo presente, junto a Jorge Traverso (Historias Sentidas, 2010), Abrepalabra (Océano FM) y en En Perspectiva en las columnas Economía y Felicidad (2011) y  Miradas Encontradas (radio El Espectador, 2012) Conferencista y Coaching Organizacional en empresas como Antel, Ute, Nike, HSBC, Hospital Británico, Medicina Personalizada, Bimbo, etc
Felizmente casado con Marcela Arocena; padre de dos hijas: Martina y Belén; hijo de Batty y Juanita; hermano de: Juan Andrés, Nicolás, Martín y Lucía; amigo en el consenso y en el disenso.
Autor de: 
 "Lo que cura es el vinculo" Ed. CELAE, Montevideo, 2010
" Economía y Felicidad: una vida con sentido:. Ed Fin de Siglo, 2012. (8a edición, agosto 2014, 7500 ejemplares vendidos )
"Educar Sin Culpa" Ed Grijalbo, 11a edición, 25000 ejemplares Libro de Oro 2015




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Alejandro De Barbieri Sabatino
Psicólogo clínico, logoterapeuta -  - Tel: 2628 1024
Twitter: @aledebarbieri / alejandro@logoterapia.com.uy
www.logoterapia.com.uy 

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