ALEGATO POR EL LIBRO (I)

A propósito de la reforma de Derechos de autor y fotocopias de libros, copio Articulo de 

Oscar López Goldaracena

ALEGATO POR EL LIBRO  (I)

Como frenteamplista, ciudadano, escritor de libros infantiles y abogado, estoy en contra del proyecto de ley que habilita la copia de un libro, por cualquier medio, sin respetar el derecho de quien lo escribió.
No voy a entrar, en este primer aporte, en consideraciones jurídicas que en futuras ocasiones tendré oportunidad de profundizar para dejar en evidencia la absoluta insustentabilidad de la propuesta que aprobó el Senado.
Mis consideraciones, en esta instancia, serán solo para ubicar el centro de gravedad que debería tener el debate. Y no voy a incurrir en adjetivos descalificadores como los que han utilizado algunos políticos que se dicen de izquierda.
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Estoy a favor de que haya una biblioteca en cada casa y de que cualquier persona, estudiante, docente, pasivo o trabajador, pueda acceder al contenido del libro que quiera, independientemente de su situación económica.
Estoy a favor de que haya una política pública de industrias culturales, una política pública de fomento y de acceso al libro y una política pública de bibliotecas.
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Si una persona, hoy,  quiere leer un libro, del tipo que sea y cualquiera fuera el motivo que le impulsa a su lectura, teóricamente podría hacerlo.
Quien hoy tiene necesidad, voluntad, interés y tiempo de leer un libro, tiene dos opciones básicas: adquirirlo, si el libro está a la venta y tiene recursos para comprarlo; o leerlo gratis en una biblioteca pública si el libro está disponible. Quiere decir que, quien quiere leer un libro, en teoría, siempre lo podría hacer.
Sucede que el problema es de la accesibilidad o más concretamente de las facilidades o comodidades para acceder al contenido de un libro.
No todos tienen tiempo para leer un libro, aunque tengan necesidad de hacerlo. No todos pueden acceder al libro comprándolo por un tema de costos. No todos los padres pueden comprar para sus hijos los libros que les gustaría que leyeran. No todos los libros se reeditan y hay muchísimos agotados. No todas las bibliotecas públicas o de los centros de estudios, escuelas, liceos y universidades, tienen todos los libros o la cantidad de ejemplares necesarios cuando varias personas los quieren leer al mismo tiempo.
Tampoco hay costumbre de recurrir a las bibliotecas.
No hay política pública del libro como industria cultural.
No hay política pública de bibliotecas.
No hay una cultura del libro.
No hay una biblioteca en cada casa.
Hay, además, una realidad especial del estudiante universitario. Debe leer decenas de artículos o libros enteros para preparar una materia y no tiene la posibilidad económica de comprar los libros.  Muchas veces tiene que consultarlos una y otra vez, por lo que tampoco le resulta cómodo instalarse en las bibliotecas con el agravante de que si trabaja tampoco tiene tiempo. Debe pedirlo prestado en las bibliotecas y muchas veces no hay libros disponibles. Si el material no está incluido como de libre acceso en las plataformas informáticas universitarias siempre le resultará más cómodo, pero no gratis, procurarse fotocopias.
Este escenario, que hoy es una realidad de la enseñanza, tiene varios problemas: es ilegal y se violan los derechos del autor que escribió el libro ya que si el libro no se vende, el autor no cobra. 
Es entonces que, partiendo de la problemática de los estudiantes, se ha propuesto y aprobado en el Senado legalizar con carácter general, para todo tipo de obras, la práctica de su reproducción por fotocopias o por cualquier otro medio, sin que se paguen derechos al autor.
Para ser sencillo y que todo el mundo lo entienda: en lugar de editar libros y que estos sean accesibles en precio para todos y que las bibliotecas tengan ejemplares suficientes, hagamos fotocopias aunque muchísimas veces el precio de fotocopiar un libro sea más caro que comprarlo.
Se pretende justificar la propuesta invocando el derecho de acceso a la cultura nunca tan mal traído a colación como en este caso.
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Los autores uruguayos, en un movimiento que comienza entre autores de libros infantiles, nos oponemos a la propuesta legislativa y hemos llamado la atención sobre su inconveniencia, fundamentalmente porque equivoca la lectura del problema y en consecuencia también erra con la solución propuesta.
En mi caso, me opongo además como ciudadano político que soy, porque siempre he concebido el ejercicio de la política como una obligación ciudadana con vocación de servicio al bien común y no como una actividad para conservar o pugnar por poder en el gobierno. Y los mandatos del bien común, si el objetivo es el acceso a la cultura,  indican que la propuesta que se está instalando nos lleva por un camino equivocado.
 Sería un gravísimo error ver la oposición a este proyecto como un enfrentamiento entre autores y estudiantes o, para ser más preciso, entre los derechos de autor y el derecho de acceso a la cultura.
El problema debe ser ubicado en sus términos exactos: accesibilidad al libro como un bien cultural.
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Continuando con la ubicación del problema, tengamos plenamente presente que los libros no son solamente para los estudiantes.
El libro comunica y transmite ideas, informaciones y pensamientos del autor para todos. Todos tenemos derecho a recibir informaciones, ideas y pensamientos de otros. Es el ida y vuelta del derecho a la comunicación y a la información. Es la esencia del desarrollo cultural.
Quien escribe un libro comunica a los demás. Quién lee un libro recibe los pensamientos, ideas e informaciones del autor. Se disparan las ideas, se generan ideas, se produce cultura.
El debate no debe ser fotocopias sí o fotocopias no. Sería muy simple y estaría muy mal planteado considerando el problema a resolver.
El debate debe ser como garantizar que haya libros, que los autores uruguayos escriban libros y que puedan vivir dignamente de su trabajo, y que todo el mundo, no solo los estudiantes, puedan acceder al contenido de un libro.
No es un problema de autores por un lado y de estudiantes por otro.
La accesibilidad al libro es un tema prioritario que debe interesar a toda la sociedad.
Centrado en sus justos términos, la esencia de la cuestión radica en la universalidad de acceso al libro.
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Todos los actores políticos, sociales y culturales, incluidos autores y estudiantes, debiéramos, juntos, definir el camino más adecuado en función del tipo de sociedad que queramos.
Los autores de libros, especialmente los de libros infantiles y ensayistas, cuando tenemos la suerte de poder publicar un libro, solamente cobramos el 10% del precio de venta al público. Considerando que en el Uruguay las tiradas son de 500 a 1000 ejemplares, que el precio de venta de un libro sea de $ 300 pesos y que se demore varios meses en vender toda la edición, el autor cobrará menos de $ 30.000 a lo largo, con suerte, de un año. Y digo “menos” porque se debe descontar el IRPF. Consecuencia: el escritor tiene que vivir de otra cosa (dar clases, ser telefonista de un call center  o ejercer la profesión liberal que estudió).
 Los escritores somos,  por vocación, trabajadores de la cultura, pero la sociedad considera que escribimos por “hobby”. Todos deben conocer esta realidad, más aún los estudiantes que hoy están proyectando su vida a futuro en base al conocimiento que están adquiriendo para ejercer una profesión. Seguramente los hay quienes soñarán con poder vivir de ser antropólogos, arqueólogos, literatos, lingüistas y filósofos, a pesar de que la sociedad les impulse para que opten por “empleos productivos”.
Sería muy importante que la sociedad comprenda la realidad de los autores, de los trabajadores culturales y de todos quienes tienen vocación por la cultura incluidos los estudiantes que hoy la están ejerciendo en el transitar de sus carreras.
Quienes aplauden la liberalización de la fotocopia deben ser consientes de que están matando al libro y optando por un camino que va contra la misma cultura que dicen defender.
 Es muy importante que los estudiantes entiendan que el centro de gravedad del problema es otro y que, en cuanto estudiantes y siendo agentes de la cultura deben visualizar el futuro de la sociedad en clave de  desarrollo cultural.
Yo quiero una sociedad que no renuncie al libro, que no sustituya al libro por fotocopias.
Yo quiero una sociedad que si detecta que lo que necesitamos son libros, pues hagamos libros. Tengamos libros. Tengamos escritores y lectores.
Quiero una sociedad que se posicione valorizando lo cultural.  
Si entendemos que todo ser humano tiene el derecho de realizarse hasta el límite máximo de sus talentos definiendo libremente su vocación y rol de vida en la sociedad, debemos apuntalar las opciones por el conocimiento, lo artístico  y lo cultural para quienes las toman.
Por lo tanto si un joven se perfila con aptitud y vocación para desarrollar su proyecto de vida en actividades culturales que no son rentadas ni priorizadas por el modelo dominante de mercado capitalista y liberal, deberíamos evitarle la opción de tener que desplazar su vocación por la necesidad de sobrevivir.
Quiero una sociedad que, como colectivo social,  ampare y fomente la cultura, las ciencias sociales y el arte en aras de la revalorización de nuestro Bien Común.
Quiero una sociedad que tenga planes de inserción laboral para quienes culminen los estudios en opciones culturales y artísticas.
Quiero una sociedad en donde el escritor pueda vivir como  escritor, el músico como músico, el escultor como escultor, el filósofo como filósofo y que no deban trabajar en otra cosa para satisfacer su vocación de vida.
Si el problema es otorgar facilidades para acceder al libro, lo que debemos hacer es optar por el libro, no por su reproducción ilegal en desmedro del derecho de su creador.
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Optar por el libro, es optar por escritores que puedan escribir y vivir de su trabajo.
 Optar por el libro es que haya escritores y que haya libros. Esto requiere una política pública para fomentar la escritura y las industrias culturales.
Como vemos, la solución sería el fomento del libro, de la escritura, la dignificación de la profesión del escritor, de las industrias culturales y que todo el que quiera, estudiante o no, pueda acceder y poder leer el libro que quiera.
Claramente, esto no se soluciona con fotocopias sí o fotocopias no.
Es más, elegir como solución el camino de legalizar la fotocopia del libro, es tomar una opción que pudiendo caer en apariencia y a primera vista simpática para los estudiantes, termina hipotecando el acceso a la cultura para toda la sociedad.
Es una opción miope que solo recibirá los aplausos de los miopes y de quienes por interés comercial, quieren apropiarse de contenidos sin pagar por ellos. Ya tendremos también oportunidad de ocuparnos de este aspecto.
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Debe impulsarse y favorecerse la industria cultural del libro.
Debe impulsarse una política pública respecto de las bibliotecas.
Las bibliotecas deben ser fortalecidas como centros culturales de acceso comunitario libre y equitativo a la información.
Debe promoverse y crearse por parte del Estado políticas y legislaciones en las cuales las bibliotecas sean consideradas, en definitiva, proveedores de contenido, ofreciendo un acceso permanente a la información acumulada y archivada en las mejores condiciones para el interesado. A estos efectos deben asignarse recursos suficientes para hacer permanentemente frente a una escasez crónica de libros y publicaciones.
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Tengan presente que lo que hoy se discute en el Parlamento (y que pretende justificarse “por el acceso a la cultura”) no aborda el centro del problema. No incorpora una política pública del libro, ni de industrias culturales, ni se considera al escritor.  
Se opta por quitar, con carácter general, al escritor, del derecho que tiene a cobrar por su trabajo.
Los escritores deben ser escritores y poder vivir de lo que hacen, como cualquier trabajador. Los escritores son trabajadores de la cultura, como los músicos, los pintores, los escultores, los actores. Si el único ingreso proviene de sus derechos de autor, este es su salario.
No hay aguinaldo, ni licencias. Pero el escritor sigue no obstante escribiendo,  esperando que sus libros se vendan. No puede optarse por obligar al escritor a trabajar gratis en desmedro de su libertad y dignidad como trabajador de la cultura.
Quienes estén defendiendo y votando el proyecto de ley que legitima la copia de los libros sin respetar el derecho de quien lo escribió, además de estar errando en la solución del problema, están votando contra el derecho de los trabajadores. Lo peor es que algunos, que dicen ser de izquierda, amparados en sus fueros de impunidad, han tratado a los escritores como “terroristas lucrativos”.
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Como escritor deseo y aspiro a que todos puedan acceder y comprar el libro que quieran leer. Que los libros agotados se reediten. Que se publiquen las nuevas obras que se escriban. Que las bibliotecas tengan muchos libros. Que algún día haya una cultura del libro.          
Que haya una biblioteca en cada casa. Ya tendré oportunidad de referirme a propuestas concretas. Hace unos años, siendo Senador por el Frente Amplio, presenté un proyecto que nunca llegó a ser considerado: imponer un impuesto a la venta de las bebidas alcohólicas para con su producido pagarle un sueldo a los estudiantes de secundaria y fomentar carreras culturales. ¡Cómo iba a ser tratado si había un subsidio a la cerveza! La finalidad del proyecto era debatir el tipo de sociedad que queremos.
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Si el cobrar un sueldo por el trabajo es un derecho irrenunciable, no puede exigírsele a un escritor que trabaje gratis. Me cuesta creer que haya tenido que escribir la oración anterior un primero de mayo. Les juro que se me revuelven las tripas.
El trabajador de la cultura no es esclavo de nadie y cualquier descabellado proyecto que pretenda para el Uruguay restablecer la esclavitud de cualquier trabajador, debe merecer el repudio de todos.  
La sociedad debe optar entre la cultura o la ignorancia. Este es el dilema. Uno de los temas es el de accesibilidad al libro, pero no es el único.
La sociedad debe elegir si quiere o no ser una sociedad inteligente, culta, educada, formada, libre o una sociedad manipulada, masificada y dominada por los extravíos ignorantes  de algunos políticos.  


Comentarios

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  2. Estimado Alejandro Barbieri, coincido con la mayoría de las reflexiones que escribe Goldaracena en su artículo y apoyo la necesidad urgente de políticas de apoyo a la cultura e industrias culturales.
    Considero, de cualquier manera, que la interpretación que hace del artículo 4 numeral 15 del Proyecto Ley es errónea.
    Te invito a leer la siguiente columna en la que (desde mi posición de jurista) planteo una interpretación lógico-sistemática de dicho literal(tomando en cuenta todo el articulado de la Ley 9.739): http://brecha.com.uy/la-excepcion-la-copia-personal/
    Quedo a las órdenes para compartir ideas y evacuar cualquier inquietud.
    Patricia Díaz

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